29 abr. 2018

Amar al otro en su libertad, una experiencia transformadora


Extractado de: DEMETER Y EL TEMOR AL RECHAZO, 
"...Ese otro al que quiero poseer, asegurarme su amor, no es cualquiera. Estamos tratando un conflicto con “otro”, bien especial. Otro, del cual quiero su aceptación, una aceptación total, sin juicios ni condiciones, aceptación que, de ser posible, la experimentaría como distensión profunda. Ese otro del cuál añoro su aceptación, ella o él, que me atrae, me seduce y me complementa. El ensueño de su aceptación me transporta imaginariamente a los espacios del amor, de la unidad, a espacios de lo sagrado.

Una vez que el otro ha despertado en mí esa posibilidad de distensión profunda, quiero ser aceptado por esa persona. Ese otro puede ser alguien real, o una persona ensoñada, o incluso una entidad de tipo espiritual. Pero quiero ser elegido, ser digno y amado por ella.

Es una contradicción querer ser aceptado por el otro y para ello forzarlo de alguna manera, ya que es ese forzamiento lo que impide que pueda registrar la distensión que busco. Sin embargo, emulo el sometimiento como si fuera aceptación, de algún modo traduzco su resignación como aprobación. Esta contradicción es una dirección mental que lleva al aumento de la cosificación y de la violencia sobre el otro.

Este forzamiento del otro, cuya atracción imagino que me distiende profundamente, está torciendo la condición de una relación paritaria, creando una relación de dependencia y confusa. El forzamiento aun sutil, degrada al otro, y no será posible experimentar la aceptación añorada. Las reservas que experimento por parte del otro hacia mí o directamente el rechazo del otro, va provocando en mí ansias, celos, deseo de posesión, rabia, sentimiento de injustica y para evitar este sufrimiento busco los modos de doblegar su voluntad.

Desde la hipótesis de que el temor al rechazo de la persona amada es un núcleo cultural de dolor, que la aceptación de la persona amada se experimenta (o se cree que se experimenta) como unidad y trascendencia, que la conciencia intenta resolver este nudo mediante la posesión del otro y compensar ese adueñamiento por medio de una negociación, es que estudiaremos el modo de transferir este núcleo doloroso.

...

Y si los vínculos que creamos en vida son inmortales. Si el vínculo entre yo y tú, no se deshace con la muerte del cuerpo, sino que su sustancia es una esencia que se incorpora al propio ser. La experiencia de la muerte de la persona amada refuta las ideologías que tenemos sobre la muerte. La experiencia nos muestra que el vínculo se fortalece y su presencia no desaparece, sino que se va interiorizando hasta fundirse en el propio ser a medida que aumenta la reconciliación con la persona y su partida. La trascendencia del vínculo es evidente y en general se lo atribuye un fenómeno de memoria, pero pudiera tratarse de una experiencia mucho más espiritual que psicológica. Aceptar que el vínculo no muere y que por el contrario se fortalece no sólo por el recuerdo, sino por la reconciliación, es una reflexión de profundas consecuencias para el sistema de relaciones que construimos en vida, pero también una intuición que debilita el poder de la muerte como realidad fáctica de lo humano.
..."

28 abr. 2018

De "El Hacedor de Estrellas" 1937 de Olaf Stapledon

"9 - La comunidad de mundos
1. ATAREADAS UTOPIAS

Llegó un tiempo en que nuestra recién descubierta mente comunal alcanzó tal grado de lucidez que fue capaz de ponerse en contacto aun con mundos que habían superado notablemente la mentalidad del hombre terrestre. De estas elevadas experiencias apenas guardo un borroso recuerdo, reducido ahora al estado de mero individuo humano. Soy como aquel que en los últimos extremos de la fatiga mental, intenta resucitar las más sagaces intuiciones de su perdida lucidez. Solo recupera débiles ecos, y un vago encanto. Pero aun los recuerdos más fragmentarios de las experiencias cósmicas que me ocurrieron en aquel estado lúcido merecen ser registrados en estas páginas. En los mundos que alcanzaban a despertar de algún modo, los acontecimientos se sucedían aproximadamente como describiré aquí. El punto de partida, se recordará, era la situación que hoy vivimos en la Tierra. La dialéctica de la historia mundial presentaba a la raza un problema que la mentalidad tradicional no podía resolver. La situación mundial se había hecho demasiado compleja para una inteligencia común, y exigía a los jefes y gobernados un cierto grado de integridad individual de la que solo eran capaces unas pocas mentes. La conciencia había sido despertada violentamente de su primitivo estado de trance, y vivía ahora un extremo individualismo, un emocionante pero lastimoso autoconocimiento. Y el individualismo, junto con el tradicional espíritu tribal, amenazaba arruinar el mundo. Solo luego de una larga y arrastrada agonía de perturbaciones económicas y maníacas guerras, mientras la visión de un mundo más feliz era cada vez mas clara y obsesionante, fue posible llegar a la segunda etapa del despertar. En la mayoría de los casos ese despertar no sobrevenía nunca. La "naturaleza humana" o su equivalente en los distintos mundos no podía cambiarse a sí misma; y el ambiente no podía rehacerla.

Pero en unos pocos mundos respondió a su desesperada situación con un milagro. O, si el lector lo prefiere, el ambiente reformó milagrosamente el espíritu. De un despertar general y casi repentino se pasó a una nueva lucidez de conciencia y a una nueva integridad de la mente. Llamar a este cambio un milagro es solo reconocer que no podía haber sido previsto científicamente, aun con el más amplio conocimiento de la naturaleza humana tal como se había manifestado en los tiempos primitivos. A las generaciones más tardías, sin embargo, no le parecería un milagro sino un tardío despertar del estupor a la mera cordura. Este acceso sin precedentes a la cordura tomaba al principio la forma de una generalizada pasión por un nuevo orden social, justo, y que pudiera abrazar todo el planeta. Por supuesto, ese fervor social no era enteramente nuevo. Una pequeña minoría lo había concebido en el pasado, dedicándose por entero a su difusión. Pero solo ahora al fin, con el auxilio de las circunstancias y el poder del mismo espíritu, se extendía esta voluntad social por el mundo. Y con la pasión de esta voluntad, que hacía posibles los actos heroicos en seres apenas despiertos, se reorganizaba toda la estructura social del mundo, de modo que una o dos generaciones después todo individuo podía disponer de suficientes medios de vida, y de la oportunidad de mostrar adecuadamente su capacidad, para su propio placer y en beneficio de toda la comunidad. Era ahora posible que las nuevas generaciones entendieran que el orden mundial no era imposición de una tiranía, sino expresión de la voluntad general, y que habían venido al mundo ciertamente con una noble herencia, algo que justificaba la vida, el sufrimiento y la muerte. 

A los lectores de este libro un cambio semejante les parecerá un milagro, y tal estado una utopía. Aquellos de nosotros que procedían de los planetas menos afortunados tuvieron en seguida la experiencia alentadora, y sin embargo amarga, de ver como un mundo tras otro salían triunfalmente de una situación que parecía irremediable, de ver que toda una población de criaturas frustradas y envenenadas por el odio abrían paso a una generación donde todos los individuos eran criados con generosidad e inteligencia, de modo que no llegaban a conocer la envidia y el odio. Muy pronto, aunque no había habido ningún cambio en la base biológica, del nuevo ambiente nacía un pueblo que parecía una especie de cueva. Los nuevos seres superaban notablemente a los anteriores no sólo en salud, inteligencia, en independencia moral y responsabilidad social, sino también en salud e integridad de la mente. Y aunque se temía a veces que al suprimirse todas las causas de graves conflictos mentales se privaría también de todo estímulo a la actividad creadora de la mente, y crecería así una raza mediocre, pronto se descubrió que el espíritu no se estancaba de ningún modo, y se lanzaba al descubrimiento de nuevos campos de luchas y triunfos. 

La población mundial de "aristócratas" que florecía luego del gran cambio, estudiaba con curiosidad e incredulidad la edad precedente, y les era difícil entender aquella maraña de estúpidos motivos que habían guiado la acción de sus antecesores, aun los mas afortunados. Se reconoció que serias enfermedades mentales, plagas endémicas de ilusiones y obsesiones, debidas a la mala nutrición y a intoxicaciones diversas, habían atacado seriamente a la totalidad de la población prerevolucionaria. 

A medida que avanzaban los conocimientos psicológicos, la vieja psicología despertaba ese interés que sienten los modernos europeos por los mapas antiguos que distorsionan regiones y países hasta hacerlos irreconocibles. Nos inclinamos a considerar que la crisis psicológica que acompañaba al despertar de esos mundos se parecía al difícil paso de la adolescencia a la madurez; era realmente, en esencia, una aparición de intereses juveniles, un dejar atrás los juegos de niños, y el descubrimiento de los intereses de la vida adulta. El prestigio de la tribu, el poder individual, la gloria militar, los triunfos industriales perdían su encanto obsesivo, y en cambio las felices criaturas se deleitaban en las relaciones sociales civilizadas, en actividades culturales, y en la empresa común de la edificación del mundo.,"


Reinterpretación transferencial del mito de Abraham


"Abraham debe salir de Ur, su patria original. La sequía y el aumento de la población han agotado las condiciones de subsistencia. Desde esta ciudad al sur de la Mesopotamia, bordeando el río Éufrates, algunos emprenderán un largo viaje para encontrar futuro en tierras lejanas. Abraham tiene fe que en las tierras de los cananeos estará su lugar6. Una vez instalado allá, enviará a buscar al resto de su familia. La historia de Abraham es la historia de los millones de emigrantes que hoy salen de Asia y de África hacia occidente. Los infortunios que viven para acceder a la tierra del bienestar son terribles: esclavitud, miseria, prostitución, asesinatos, los cadáveres de los niños flotan al vaivén de las olas hasta vadear en las playas. La tribu de Abraham saliendo de Ur (sur de Irak), comerciando con los reyes del lugar y ofreciendo a Sarai a cambio de protección y hacienda, no se distancia demasiado de hoy7. Sobrevivir es el grito que tienen en el alma. Sobrevivir y después ayudar a sobrevivir a los que quedan atrás.

Los emigrantes del siglo XXI, llegan a los campos de refugiados, algunas mujeres procuran alimento a cambio de sus cuerpos, otras son violadas, algunos niños ríen, otros ya no. Los maridos sienten el dolor de la impotencia. Cierran los ojos, endurecen el corazón, pero sobrevivir es el instinto que brota del alma. Se aferran a su Dios que les da consuelo: esto pasará y pronto tendrán una vida mejor susurra la esperanza envuelta en lágrimas. Sólo Dios, Yahvé, comprende y tiene un plan para Abraham. Sólo Dios conoce el plan para cada uno de los seres humanos que están llegando a los campos de refugiados de Lesbo, de Idomeni, de Rigonce, de Lampedusa en el sur de Europa, los sirios en las fronteras de Turquía, los palestinos en Gaza, los africanos de Dadaab o Darfur.

Abraham abraza esa promesa de Dios y un día después de muchas penurias, logra asentarse en un pequeño poblado de Canaán. Tiene dos hijos, Ismael de su sirvienta y amante, Agar, e Isaac de su esposa Sara; ambos nacidos en este nuevo hogar ya lejos del periodo de la miseria y la esclavitud. Pero Abraham guarda rencor en los recuerdos. Recuerdos de las humillaciones que sufrió para salvarse y salvar a su tribu. Su corazón no es puro y está manchado de resentimiento a sus mujeres, a sus hijos y hacia sí mismo. Está también enojado con Dios que le exigió demasiado y lo obligó a estos sacrificios a cambio de una promesa: la promesa de una tierra, de una patria y de ser el padre de numerosos pueblos. Abraham se lamenta y se justifica porque tenía que sobrevivir, sólo él podía guiarlos en los peligros del desierto, sólo si sobrevivía existía la opción de salvar la tribu y a los que quedaron esperando en Ur. Sobrevivir era el impulso de su corazón, todo sería distinto en la tierra de Canaán, pero Dios le había exigido demasiado.

Abraham trata de borrar estos recuerdos espantosos de su memoria. No fue él el responsable sino Dios. Dios fue el responsable de que tuviera que salir de Irak con su tribu, Dios le indicó el camino a seguir y lo hizo cruzar reinos hostiles. Dios entrego a Sarai y a sus mujeres bellas al faraón a cambio de beneplácitos para él y la tribu. Dios está detrás de las peleas entre sus mujeres y es Dios el que expulsa a una de ellas a morir en el desierto y es Dios el que la salva a ella y a Ismael. Y es Dios el que permite fecundar a Sara en la vejez. Y es Dios el que exige la vida de Isaac en sacrificio.
6 “Vete de tu tierra, y de tu patria, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. De ti haré una nación grande y te bendeciré”. Biblia de Jerusalén, Editorial DDB ISBN: 8433023233, p.25.
7 Hubo hambre en el lugar, y Abraham bajó a Egipto a pasar allí una temporada, pues el hambre abrumaba el país. Estando ya próximos a entrar a Egipto, dijo a su mujer Saray: “Mira, yo sé que eres mujer hermosa. En cuanto te vean los egipcios, dirán: ‘Es su mujer’ y me matarán a mí y a ti te dejarán viva. Di por favor que eres mi hermana, a fin de que me vaya bien por causa tuya y viva yo en gracia a ti” (Ibid p25).

Así Abraham se deslinda de responsabilidad, pero la culpa ensombreció su corazón. Estos eran sus pensamientos mientras llevaba a Isaac al holocausto del monte Moriah. Tres días caminó por el desierto paseando su mirada interna en los hechos ocurridos y reflexionando.

¿Realmente era Dios el que llevaba a Isaac al sacrificio? ¿O era su rabia por Sara, su odio consigo mismo por todos los acontecimientos que significaron emigrar de Ur y salvar a su pueblo?
¿Era la voz de Dios la que escuchaba? ¿Acaso la escuchó alguna vez?

Escudriñó su corazón y sintió el miedo a morir. El miedo a que su tribu falleciera de hambre o a la intemperie devorada por los animales y serpientes del desierto.
No, no fue a Dios al que escuchó; nunca había escuchado a Dios. Fue el grito de su propia angustia y el de su temor a morir lo que obsesionó todo su ser. Ahora a punto de asesinar a Isaac tampoco es a Dios a quien escucha.

Un sentimiento de profunda soledad lo invadió. Ya no sabía si hizo lo correcto o se dejó llevar por sus instintos. El sol se perdía en las doradas dunas del horizonte, Isaac a cierta distancia de él, junto al altar apilado de leña observaba. Nunca había visto a su padre tan solo, tan abatido, observando morir el sol por la tarde, derrotado, sin lágrimas, sin nadie.

Abraham miraba su corazón. En su interior transcurría su vida entera, cada decisión que tomó desde que salió de Ur hasta el día de hoy, a punto de ofrecer a su amado Isaac en sacrificio. Eran sus decisiones, para bien o para mal, y nadie las había tomado por él. Su corazón se calmaba y una lágrima caía por la mejilla. Fue su intuición, su fe, también su temor, el que lo trajo hasta el último atardecer a punto de cometer el peor error de su vida. Pero también fue el amor a su familia, a su gente, a sus hijos y un amor desconocido a la posteridad. ¡Qué podía reprocharse a sí mismo!

La humanidad apenas amanecía, daba sus primeros pasos, balbuceaba sus primeras palabras. Por vez primera un hombre descubría su libertad y su angustia. Mientras meditaba cada vez más adentro de él, la paz entraba a su corazón. Por fin una verdad que podía decirse a sí mismo, comprendía el motivo sincero de sus acciones, sin juicio, ni culpa, ni rencor, ni venganza. Algo en él se conmovía cada vez que detenía su pensamiento en una de las decisiones que tuvo que tomar en esa soledad, una conmoción acompañada de una cierta vergüenza por echarle la culpa a Dios de las cosas que tuvo que hacer para salvar la vida de él y de los suyos.

Las estrellas ya cubrían la noche y la cúpula del cielo de azul fulgente iluminaba como nunca antes la había visto. Isaac todavía tembloroso y obediente de su padre continuaba junto al altar del holocausto. Arrodillado, para proteger con su cuerpo la yesca del viento, saca una chispa de la piedra y enciende la hoguera.

Abraham se acerca al fuego y le dice a Isaac: “Hoy, en la cima de este monte sagrado, por primera vez he escuchado a Dios en mi corazón y he sentido que tú, hijo, y yo y los que nos esperan abajo y este grano de arena y esa estrella allá lejos, somos lo mismo, somos uno y no moriremos jamás”. Se abrazaron como se abraza un padre con su hijo en un acto que se repetirá de generación en generación hasta la eternidad.

Extractado de: 
Parque de Estudio y Reflexión Punta de Vacas,
marzo 2018

25 abr. 2018

O construimos la Nación Humana Universal o el olvido nos aguarda

18.10.2016 - Quito, Ecuador Tony Robinson

..."Entonces, ¿qué vamos a poner en nuestra lista de cosas que hacer a fin de lograr ese mundo mejor para todos los seres humanos?
Bueno, afortunadamente no tenemos que partir de una hoja vacía de papel porque el trabajo ya lo ha hecho y resumido en un excelente nuevo libro otro autor argentino, Guillermo Sullings, “Encrucijada y futuro del ser humano: los pasos hacia la Nación Humana Universal” y habiendo sido escrito en Español, ahora está siendo traducido al Inglés, Francés, Italiano, Alemán y Griego. Sé que este libro es excelente porque lo estoy traduciendo al Inglés!
No es una obra completa, porque el libro que contenga todos los pasos para lograr una Nación Humana Universal sería enorme, pero es un punto de partida para las discusiones y contiene secciones sobre:
a) Desarme, b) El futuro de las Naciones Unidas, c) Desarrollo Global, d) El sistema financiero internacional, e) La libre circulación de personas, f) Detención del desastre ecológico, g) Los medios de comunicación, h) Derechos Humanos, i ) La democracia real, j) Economía Mixta, y, k) Los paradigmas culturales.

Sullings propone que los movimientos sociales y organizaciones que trabajan en todos estos campos, y otros que no están incluidos por su nombre, deben trabajar juntos para definir una imagen brillante y resplandeciente; una fuerza mística con mayor potencia que el nacionalismo y el patriotismo; un internacionalismo; el amor a la humanidad y la evolución humana; un despertar espiritual que ponga al ser humano como valor central.
En este contexto, la Nación Humana Universal es una imagen con un poder increíble que necesitamos emplazar en la conciencia de cada ser humano, desde los más jóvenes, especialmente los más jóvenes, a los mayores de nuestra sociedad; al igual que se ha instalado una conciencia ambiental en las generaciones más jóvenes en algunas partes del mundo, en un proceso que comenzó hace más de 40 años."

25 mar. 2018

Sobre shockeo del centro emotivo superior

Podemos apelar a distintas formas de shockeo. De todas ellas, vamos a apelar a la mejor. Pero esta forma mejor, de todas maneras podría ser más violenta, tal que cubriera la conciencia del experimentador, impidiendo que tomara una línea adecuada. Parece ser que deberíamos nosotros, ir manejando esa fuerza, a fin de que el experimentador se fuera familiarizando con ella y no quedara
sobrepasado por ella.
Cuando nosotros estemos en ese manejo de Fuerza, vamos a considerar, por ahora, nada más que a nivel psicológico. Y aunque vayamos a shockear al emotivo superior, siempre va a seguir operando a nivel psicológico.
Y no vamos a considerar la acción de ninguna fuerza externa de tipo trascendental o como quieran llamarla.
Vamos a considerarlo todo dentro del bio-psiquismo del sujeto. El, trabajando con su propia energía interna, va a terminar shockeando allá arriba.
Pero ésto, como les digo, conviene ir trabajándolo controladamente, con un volumen adecuado a fin de que no se suelte y sobrepase al sujeto. ¿Estamos en claro?
Vamos a usar el método más adecuado para todo ésto. Y el método más adecuado va a consistir en: Trabajar con las esferas mentales que conocemos. En tres o cuatro reuniones en total, vamos a terminar produciendo la ruptura de nivel. Y si algunos rompen el nivel antes de cuenta, antes de tiempo, nosotros vamos a impedir que continúe ese proceso porque no van a poder manejarlo.
Paulatinamente vamos a ir aumentando el volumen. 
Esto tiene que quedar bien claro. El trabajo es con las esferas mentales, en pasos bien simples.
El primer paso consiste en: una posición corporal normal, sin acción de ningún estímulo externo. No hablamos de humos, ni de luces, ni de cosas raras... Con relativo silencio.

1° Tomamos la esfera mental. ¿Qué es ésto? Recordamos una esfera cristalina transparente y la colocamos mentalmente fuera de nosotros y en lo alto. No importa a qué altura.
2° En el otro paso, la vamos a ir bajando hasta co locarla a la altura de los ojos. Ahora es mejor visualizada que en el primer paso.
3° A esa esfera, la vamos a tratar de "meter" en l a cabeza. La seguiremos viendo y la vemos con claridad en el interior de la cabeza.
4° A esa esfera la "bajamos" desde la cabeza por e l interior del cuello hasta el centro del pecho, al medio de los pulmones, a nivel del corazón si les gusta. En ese cuarto paso, se comprueba que la imagen ha perdido su poder de representación visual y ahora tenemos una sensación interna. La sensación de que está trabajando ahí una esfera. Pero no vemos ya la esfera. Representarnos la esfera a nivel de los pulmones es tan difícil como representarla en lo alto. De manera que, tanto en lo alto como en los pulmones, la esfera se diluye. Pero se la ve bien a la altura de los ojos, en el interior de la cabeza, y cuando baja.

En ese cuarto paso, la esfera tiende (si se la observa con tranquilidad, sin forzar nada, si se la siente con tranquilidad) a aumentar de "volumen", como sensación interna.
La esfera va aumentando de "volumen" desde los pulmones hacia afuera. De tal manera que se produce una concomitancia bien mecánica entre representación y respiración.

Esta esfera al ir aumentando de "volumen", es como si comprimiera los pulmones por dentro. La respiración entonces se hace profunda y nosotros no nos preocupamos por parar tal fenómeno, sino que dejamos que la respiración se profundice.

Todo el manejo mental, en ese momento, está puesto exclusivamente en esa sensación de la esfera interna que se dilata.
Y de ese modo nosotros podemos terminar shockeando arriba. ¿No les parece increíblemente simple la mecánica del shockeo?

Ustedes no se preocupen por el problema de que si esa mecánica puede producir tales fenómenos, o si
esa mecánica los pone en resonancia a ustedes con un Trabajo que puede venir de otro lugar. El hecho es que trabajando de ese modo, podemos producir el shockeo del emotivo superior, en alrededor de veinte minutos.
Y aquí paramos hasta que pueda ser controlado. Y eso es todo. Posteriormente se verá cómo en esa ruptura (cuando surgen las imágenes y las concomitancias físicas y emotivas) se puede ir canalizando en una adecuada dirección, la energía psíquica. 
Si nosotros dejáramos el planteo en ese punto, lograríamos simplemente el shockeo del emotivo superior. Lograríamos el control de una determinada línea que nos hace manejar la mente a otro nivel.
Pero resulta que a nosotros nos interesa producir otro tipo de fenómenos, para disponer de esa fuerza psíquica. No sólo que esa fuerza psíquica se libere y pueda ser dirigida, sino disponer de una carga energética considerable. Esta carga energética que se registra como una electrificación total del cuerpo, comienza por las manos, sigue por los brazos, se extiende por todos los miembros y termina energetizando el cuerpo hasta límites de lo tolerable.
Esta energía cuasi-eléctrica, no proviene estrictamente del campo del psiquismo personal, sino que proviene de otra parte que no vamos a estudiar acá.
Pero por ahora, nosotros vamos a decir que este trabajo es interno, de cada sujeto que va haciendo su shockeo y el shockeo sí es personal.
En el momento de ruptura no obstante, vamos a sentir la entrada de fuerzas energetizantes que no son personales. En ningún caso de fenómenos crepusculares, ni en ningún caso de fenómenos mediumnímicos, o como quieran llamarlos, se produce la energetización que hay en esta ocasión. Pero ésto habrá que experimentarlo, como hay que experimentar los estados de conciencia consecuentes. Nos interesa, entonces, disponer de esa energía, para poder luego trabajar con ella.
Pero la mecánica es bien simple en los cuatro pasos que dijimos.
Habitualmente, la gente se pone de espaldas para no ser molestados por la posible mirada de los que tienen en frente. Hace círculos. 
Si ustedes en ese estado trabajan bloqueando, entonces no van a poder shockear. Basta que ustedes no
quieran, basta que no hagan alguno de los pasos para que no se produzca el fenómeno. Si ustedes están forzando también la idea de semejante cosa, tampoco shockean. De manera que la simple mecánica que les he dicho como entrada del shockeo en lo crepuscular, es un "dejarse-ir". Que actúe eso sólo por sí.
¿Está claro? No es más difícil que eso.

19 mar. 2018

La Muerte - La Función Opresora del Sistema

El Sistema encadena hacia la muerte. 

Cada muerte, para el Sistema, es una alegría porque es un luchador menos. Pero no es necesario referirnos a la muerte física, que no es otra cosa que la finalización del corto ciclo de vida. Hay otros tipos de muerte, que se suceden dentro de la vida. El fin de la posible concreción de ideales, o el fin de añejos anhelos, de asir verdades irrefutables, es también morir. Sin olvidar que para muchos, la muerte significa la fuga final, la evasión última, la abolición de los tormentos. 

El Sistema propone dos trampas, y dice: “O bien más allá de la muerte no hay nada, o bien desde antes de nacer ya se tiene alma, en cuyo caso habrá que conservarla en buen estado” -es decir, hacer lo que él dictamine- para que luego pueda "beber de la eternidad". Además, es tan oculto este tema que cualquier cosa que se diga ofendería seriamente. 

Es evidente que no puede haber una modificación si se piensa en esa dirección. 

La muerte es el correlato de la violencia. Cuanta más violencia haya, más cercana estará la muerte. 

¿Por qué hoy hay tanta violencia? ¿Es que nadie puede sacarse de encima ese temor, esa incertidumbre que puede ser una magnífica justificación al decirse: "¿a qué hacer algo, si puedo morir mañana, y si lo hago no estaré para verlo?"? 

Pero si se emprende la tarea de asumir la existencia, no de postergarla; de llevar adelante un joven vitalismo poderoso, de mantenerse en la voluntad de ser, ¿a dónde van a parar los temores y las angustias frente a la muerte? Si de repente se comienza a crear un mundo paralelo, un intramundo dentro del mundo que decae, un "alma" egregia dentro de los cuerpos vacíos; ¿qué queda de esa incertidumbre agobiante frente a la evidencia de la brevedad de la vida, cuando cada momento puede ser trascendente de la ordinaria decadencia? 

El temor a la muerte en un hombre joven es aparentemente inexplicable, pero internamente sí se entiende. Hay temor y angustia porque hay vacío, porque todo lo que había en pie ha decaído; han decaído los mitos, la fe, ha muerto Dios. Ha decaído la significación del lenguaje, no se tienen coincidencias, no hay nada en común; hay un vacío, una soledad, un desierto que de vez en cuando ofrece un espejismo. Por eso hay jóvenes que han perdido el tono vital y transitan desganados por las ciudades llenas de reflejos, de brillos ajenos. Por eso a este joven le preocupa la muerte; pero que no se engañe, que no es la vida más allá de la muerte lo que le preocupa, sino la vida más acá de la muerte, la vida que cree que tiene por su organismo, pero que no tiene en su alma, que está desilusionada y por ello enferma y débil. A este hombre, en este punto, le urge crear algo sincero y real, no para mañana sino para hoy. ¡Para ya! 

Debe recoger las escasas fuerzas que le quedan para empezar, empezar esperanzado y con miedo a fracasar, porque lo ha conocido numerosas veces y ya está cansado, cansado de engaños y de mentiras. Este joven hombre quiere un alma, un alma nueva, egregia, construida con su propio esfuerzo y con ayuda de sus semejantes, esta alma de la que ha oído hablar pero de la cual no tiene ni idea. Pero supongamos que el alma es aquella que da coherencia y sensatez, que da poder y fuerzas, que es individual y a su vez el centro del Universo, que pertenece al espíritu inmortal del hombre. Para esa alma saldrá el Sol. Para esa alma se trabajará desde el amanecer. Para esa alma vendrá todo lo demás.
 Ver tambien: 

Silo

4 mar. 2018

Cultura actual: obstáculo a la espiritualidad. Juan José Pescio




Ponencia de Juan José Pescio en la mesa de Cultura y Espiritualidad
2010 - Parque La Reja, Buenos Aires

En esta ponencia partimos de la siguiente hipótesis: Esta cultura violenta en la que estamos inmersos es consecuencia del proyecto de vida individualista y posesivo que orienta la vida. Este tipo de proyecto es el obstáculo que impide ponerse en el lugar del otro y registrar las señales de lo profundo.
Este proyecto de vida está hoy globalizado y se basa en el supuesto erróneo de que es el camino hacia la felicidad. Las diferentes culturas han adoptado esta dirección como si fuera la correcta sin advertir que como consecuencia de ella, es que vivimos en un mundo cada vez más violento.
Hoy a nivel mundial, las autoridades políticas y los medios de difusión, (salvo algunas excepciones)sostienen de forma directa o larvada que:
“La actitud posesiva es positiva, porque impulsa a acumular bienes intangibles y tangibles en forma creciente, en el interior de esa entidad a la que llamamos “el yo y lo mío”. Por ese camino, se sostiene, vamos a llegar a la felicidad como individuos y también como conjunto social, como consecuencia del “derrame”.
La actual economía a nivel mundial se apoya además en la teoría psicológica que afirma que este impulso egocéntrico, es el que mueve todo comportamiento humano individual y social y se afirma que este impulso tiene sus raíces en el cuerpo, es decir en la animalidad, en lo instintivo.
Desde al Nuevo Humanismo, decimos que este impulso egocéntrico surge sólo cuando estamos instalados en la parte más periférica de nuestra interioridad, pero en la medida en que nos conectamos con nuestro sentimientos y tratamos de acercarnos a nuestras aspiraciones profundas, aparecen los impulsos solidarios que tenemos bloqueados y el deseo de ayudar al que lo necesita. Los niños por ejemplo, no sólo necesitan recibir afecto y ayuda sino darla y esto es algo que se puede aprender a hacer, si se crean los ámbitos adecuados.
También puede comprender cualquier persona, basándose en su propia experiencia cotidiana, que al instalarnos en el proyecto de vida posesivo individualista, las demás personas, pasan a ser amenazas en la competencia para lograr la propia felicidad y otras veces se convierten en obstáculos o en aliados poco confiables, lo que desencadena nuestro temor o nuestra violencia.
No es difícil observar también, que la dirección mental individualista y esta actitud posesiva, empujan a la lucha con los demás por llegar a la “cima” del poder económico, del conocimiento, del reconocimiento y afecto, de la posición en cualquier pirámide organizativa, llámese empresa, partido, movimiento social, iglesia, etc.
Es claro que para considerarse en la cima, todos los demás deben quedar por debajo. Sin embargo, a pesar de las declamaciones de solidaridad que se escuchan continuamente, este es el paradigma de felicidad del mundo actual que se expresa en el deporte, en la economía, en la política, etc.
Planteamos desde nuestro punto de vista, que cuando aspiramos a esta cima, es porque creemos que tendremos al llegar a ella, la suma de nuestros registros placenteros y ponemos entonces en el futuro, lo que creemos que será esta experiencia.
Este proyecto de felicidad está centrado, prioriza, el obtener estos registros sólo para uno mismo y esto lleva a dar la espalda al dolor y sufrimiento de los demás. Crea además la condición de la desconfianza, el temor y la soledad y sobre todo nos impide escuchar las señales internas más profundas de aquello que realmente necesitamos.
Esa tensión de temor y violencia cotidiana, es llamada habitualmente “ambición personal”. A las nuevas generaciones se les aconseja tenerla, para triunfar en la competencia con los demás. De ese modo, se los quiere preparar para lo que llaman “realidad de la vida”.
Pero sin embargo, muchísima gente, que va experimentando esa sensación de temor y violencia en su interior, no está dispuesta a aceptarla como natural e inevitable y decide intentar cambiar de dirección.
Pero ocurre, que en los ámbitos en los que convivimos y en la sociedad en general, ya existen de hecho estos valores, estos proyectos de vida individualistas, posesivos y competitivos, objetivados en leyes, en instituciones, en personas que se mueven por ellos y justificados por estas ideas dominantes y los poderes que las promueven, etc.
Es que cuando venimos al mundo, nos encontramos con generaciones anteriores impulsadas por este proyecto, nos rodean millones de trepadores de pirámides, programados para la lucha por llegar a ser los primeros en algún campo. Ellos son el principal componente de esta “realidad” que pretende moldear a las nuevas generaciones a su semejanza.
Desde niños nos premian en la escuela, en la familia y luego cuando somos mayores, en el trabajo, si nos destacarnos sobre los demás, cuando ganamos en las competencias, ya que son parte fundamental de nuestra “formación”, pero extrañamente para quienes piensan que eso es lo mejor que nos pueden ofrecer, muchos jóvenes no quieren entrar en el molde, no quieren competir y ganarle a los otros, sino cooperar con los demás y ofrecer su ayuda solidaria a los que la necesitan.
El discurso solidario queda vacío en las instituciones, cuando las prácticas cotidianas están montadas sobre la idea de rivalizar con otros por alcanzar una meta, de la que los perdedores van a quedar excluidos.
No es difícil hoy para nadie, entender que el proyecto individualista posesivo, está en la base del vínculo dominador-dominado entre los seres humanos, logrado y mantenido por medio de las armas, el dinero o el conocimiento y que el dominador, sigue tratando de aumentar sus dominios sin límite, aunque quiera disfrazar sus intenciones con argumentos humanitarios.
Aún las personas bienintencionadas al tratar de ayudar a los jóvenes (padres, docentes), creen que si se apoyan en estas motivaciones centradas en uno mismo y en los míos, van a lograr formar un tipo de persona solidaria y un ciudadano comprometido con el bienestar general.
Es muy claro para la gran mayoría de la gente, que el vínculo opresor-oprimido está condicionando las relaciones internacionales en la economía, en la política, pero quizás no es tan evidente, que estos poderes están tratando de promover e imponer este proyecto de vida centrado en uno mismo, como camino a la felicidad. Puede ser que esto que hacen sea en parte por no comprender las verdaderas necesidades de los seres humanos y por otra como una forma masiva de movilizar la maquinaria de la producción y el consumismo y disolver toda forma de organización colectiva posible.
Vemos hoy en China, por ejemplo, donde hay casi 1.000.000 de nuevos millonarios menores de 40 años, como la “ambición por progresar económicamente” en los jóvenes, va mucho más allá de la satisfacción de sus necesidades básicas.
Vemos que este mismo impulso hoy, al propagase intencionadamente como el ideal que unifica esta cultura global, va borrando las diferencias entre las antiguas culturas y los jóvenes de China, India, Brasil, Europa o USA comparten el mismo proyecto de vida individualista acumulativo como camino a la felicidad. Este proyecto ilusorio, va barriendo las tradiciones de colaboración y ayuda mutua o la búsqueda de lo sagrado.
Este barrido que hacen a los otros caminos a la felicidad que pudieran elegir las poblaciones, puede ser en forma violenta como en China o simplemente haciéndoles vacío.
En este punto de esta presentación, en el que la mirada se amplía hasta el ámbito que corresponde al planeta y a la especie, vamos a enmarcar el tema con una cita de Silo, que en su exposición del año 76 en Canarias dice:
…”¿Y qué hay más abajo del deseo, y qué hay más abajo de la necesidad? Algo, que de ningún modo desaparece. Detrás del deseo y detrás de la necesidad está sin duda, la posesión…
…Y basta ver cómo se comporta una persona cuando no tiene deseo por un objeto, pero alguien pone en peligro su posesión. Resulta que ahora la relación es con otra persona y ya no experimenta por esa otra persona ningún deseo, pero sigue experimentando por esa otra persona, posesión.
Y la posesión se traslada y no se trata sólo de posesiones físicas; hay posesiones morales; hay posesiones mentales; hay posesiones ideológicas; hay posesiones gésticas; hay posesiones rituales. Hay posesiones de todo tipo y todo aquello está, siempre, comprometiéndome con los objetos. De tal modo que basta que algo entre en el campo de la posesión de esos objetos que detento, para que mi posesión, que siempre está trabajando, se active con más fuerza. La posesión no cesa, y sí puede cesar el deseo.
El deseo tiene características no tan corporales, no tan físicas como la posesión. Uno puede desear lograr algunas cuestiones espirituales, diferente al registro físico de querer poseer algo espiritual. Observen qué sucede en el propio cuerpo cuando se desea simplemente, o cuando se posee, o cuando el deseo es por poseer. Y siempre el deseo tiene que ver con la posesión, que es su raíz.
Más abajo del deseo está esta posesión y tiene fuertes connotaciones físicas y fuertes registros físicos. Y este registro de la posesión tiene que ver con la tensión. Y se sabe que se está deseando poseer algo porque se registra una particular tensión. Y cuanto más fuerte es ese deseo de posesión, más fuerte es la tensión.
Y claro, uno se agarra a los objetos, uno se agarra a la vida, uno se agarra a las cosas; y se agarra con las garras, con las manos. De tal manera que no suelta uno esas cosas, y esto de no soltar cosas, esto, trae registros de tensión…
Seguramente el hombre, y ésta es la diferencia fundamental, tiene esa aptitud sobre las otras especies para soltar; tiene aptitud para alejarse de los objetos; tiene aptitud para desposeerse.
Hay algo en la estructura de la mente ya a nivel humano, algo que está preparado para que esta mente se libere de la posesión objetal. Y esta diferencia es grande ya, entre el ser humano y el mono….
La mente humana seguramente es muy joven y todavía está muy ligada a la posesión. Pero según se ve en estos procesos y según se ve en el avance mismo de la mente individual, se avanza sobre todo cuando la mente es apta o es capaz para desposeerse.
Entonces sucede que la mente no registra tensión, entonces sucede que no hay registro físico de tensión, entonces sucede que los músculos no son necesarios con respecto a los objetos en el sentido de la posesión.” (Silo)
Volviendo humildemente a nuestro planteo inicial sobre el condicionamiento cultural individualista y competitivo, podemos simplemente decir ahora en este marco, que esta cultura actual refuerza la actitud posesiva y bloquea el impulso opuesto de soltar, de dar.
Entonces estos dos factores: el proyecto posesivo personal que se fue internalizando en nuestra subjetividad a lo largo de la vida y los ámbitos externos condicionantes que lo siguen reforzando, bloquean los impulsos a ponerse en el lugar del otro, a la compasión, los que son tomados como debilidad.
Y aunque los sentimientos profundos nos impulsen en dirección de ayudar y de construir para otros, nuestra cabeza, acostumbrada al cálculo de la ganancia personal, pone resistencia para aceptarlo como proyecto de vida.
Sin embargo la nueva sensibilidad que comienza a nacer, abre la posibilidad de tomar contacto con nuestros propios impulsos solidarios y con las señales internas de lo sagrado.
Los que vivimos en esta época, experimentamos más o menos claramente, que esta dirección individualista de la vida nos queda chica, como si fuera un ropaje que nos aprieta, porque hay algo que en interior del ser humano que está creciendo y que los Humanistas podemos contribuir a que se acelere este proceso.
Estamos actualmente en esa transición.
Cuando los hombres y mujeres que hemos sido formados en esta cultura nos colocamos mas cerca de la profundidad de nuestros corazón y registramos que preferimos aquellas acciones que terminan en la mejora de otros, necesitamos saber que no estamos equivocados, que nos estamos siendo menos “realistas”, sino que por el contrario, estamos más cerca que nunca de la verdadera realidad del otro y de la propia.
Para sostenernos en esa dirección, necesitamos de un marco conceptual que permita comprender ese registro y un ámbito humano solidario con el que interactuar para expresarlo en acciones hacia el mundo.
Una nueva cultura solidaria y no violenta será la consecuencia de este impulso profundo que busca expresarse en el mundo y plasmarse en nuevas formas de convivencia a nivel mundial
Nuestra espiritualidad está en la dirección interior que nos señalan nuestras aspiraciones más profundas de convivencia solidaria, en la que la dirección de nuestros actos terminan en otros, sin censura externa y sin autocensura. La propuesta de felicidad individualista con la que nos quieren dividir los opresores, va llegando a su fin como pretendido fundamente para la primera civilización planetaria.
Se hace necesario entonces convertir definitivamente el proyecto de vida equivocado, tanto en el mundo externo como dentro de nosotros mismos, para que el ser humano sea libre de tomar contacto con lo sagrado en su interior, ya que este proyecto de vida equivocado es el principal obstáculo para el desarrollo de la espiritualidad.
Estos impulsos profundos son los que pueden formar una comunidad solidaria y abrir el corazón y la mente.
No pueden ser impuestos por una moral externa.
Surgen del interior cuando se puede salir del encierro en lo mío. Es entonces cuando el otro aparece como intencional y libre, cuando surgen deseos de dar lo necesario desde el corazón, sin especulación.
Sería conveniente entonces ofrecer a cada conciencia, ámbitos para conocer y practicar esta nueva opción de “dar en lugar de tener”, “soltar en lugar de acumular”,” acercarse a la profundidad del sentimiento, en lugar de ir hacia la exterioridad”, para que cada persona pueda concretar como resultado de su reflexión, la elección intencional para su vida, de abrazar aquella dirección mental que permite tomar contacto con ese otro tiempo y otro espacio y con aquella actitud abierta hacia los demás, que hacen verdaderamente feliz y libre al ser humano.