29 jun. 2016

La Hydra y la gran apuesta: Fundamento para asumir una ética no violenta

29.06.2016 - Lima Javier Zorrilla Eguren


Empecemos con esta pregunta: ¿Por qué tendría que darme el trabajo de asumir una ética no violenta? Alguien diría: Mira, no tengo tiempo para cosas sin beneficio inmediato. Otro objetaría que no se necesita fundamentar nada, porque se sabe que la violencia es mala y hay que evitarla. Muy bien, digo yo, pero lo que vemos es que la violencia crece, como la Hidra de múltiples cabezas. Cada vez que Hércules cortaba una, dos volvían a crecer. La Hidra, madre de Quimera, hija de Tifón y Equidna, resentida, vengaba al león de Nemea, su hermano, muerto por el héroe. Éste derrota al monstruo, pero solo con la ayuda de otro ser humano, su sobrino Yolao, que quemaba los muñones de los cuellos para que las cabezas recién cortadas no volvieran a crecer.
Muchos piensan que la feroz proliferación de las violencias, se debe a que los valores se han perdido. No obstante, pocos saben cómo recuperarlos para lograr el cambio integral que la crisis humana y ambiental exige. Se trata de un salto evolutivo, no una reforma parcial del sistema inhumano.
¿Por qué reemplazar el actuar violento por el no violento? Muy simple: la violencia, al engendrar sufrimiento, obstaculiza la felicidad. Esta no es compatible con el éxito de unos pocos, en un ambiente enfermo. La felicidad no crece en medio de la desdicha general. Las brutales mordeduras de la Hydra llegan hoy a todo el orbe.[1]Enfrentamos una gran paradoja existencial: ¿Si todos buscamos la felicidad, porque optamos por la violencia que es su negación? ¿Será que la violencia “defiende” del dolor y el sufrimiento? Lo que debió ser un recurso excepcional en una situación extrema de autodefensa se ha vuelto receta cotidiana.
Acudo a la violencia para satisfacer mis deseos. Al hacerlo obtengo placer. En lugar de compartir aprendo a atacar primero, a controlar la conducta del otro y a eliminar a mi enemigo para que no me vuelva a atacar. Dentro de un sistema que ha instalado la dictadura del dinero, aprenderé a explotar al otro antes que el otro me explote a mí. Y juntaré mucha plata, para no quedar expuesto a la pobreza, a la enfermedad y a la soledad.
Sea como sea, lo único cierto es que vivo en estado de temor. Temo perder lo que ya tengo o no alcanzar lo que tanto quiero. Hay un círculo vicioso: algo me falta, deseo tenerlo; ejerzo violencia abierta o encubierta, grosera o sutil, para poseerlo y conservarlo; temo perderlo nuevamente y aplico más violencia; mi aferramiento es cada vez mayor, aumentando aún más el temor a perder lo que tanto me cuesta y así siguiendo. Esta no es una condición de libertad, de confianza, de igualdad, de respeto, de aprecio, de fraternidad, por ende, de real felicidad personal y social. [2]
Podemos sospechar que la base de las adicciones es estructural. No nos agrada el vacío. Rápidamente imaginamos eso nuevo placentero que compensa lo que nos falta (o creemos que nos falta). No se trata de reprimir el placer de vivir y de compartir. Se trata de hacerlo sin adicciones, sin culpas o búsquedas compulsivas, violentas y centrípetas. De ahí el principio de vida: “Si persigues el placer te encadenas al sufrimiento, pero en tanto no perjudiques tu salud (o a otros), goza sin inhibición cuando la oportunidad se presente”.[3]
No parece que por el camino de la búsqueda incesante del placer podamos articular un sentido de vida que amplíe la felicidad. La ética, justamente, tiene que ver con reflexiones y experiencias que permitan fundamentar un actuar coherente, sostenido, liberador y evolutivo. Este proceso requiere de una acumulación de acciones que refuercen la misma dirección. Proponer la acción no violenta como eje de una ética de liberación y felicidad no es para tomar a la ligera. Lo quiera o no, formo parte de una red humana en la que mis acciones impactarán en forma positiva o negativa. No solo eso, volverán sobre mí, dejando su registro interno de paz o de violencia, de unidad o contradicción. [4]
¿Qué ética puede caber en alguien que ensueña todo el tiempo con el éxito individual como modelo de felicidad? ¿Qué ética puede interesarle al que es a la vez verdugo y cómplice en un sistema en el que compite con violencia por el éxito? Un sistema discriminador que divide a los humanos en “ganadores” y “perdedores”. La exclusión social es violencia, genera resentimiento y éste venganza. Es un círculo vicioso, una espiral patológica y desintegradora. Lo que vemos en el paisaje no debería asombrarnos. Esas guerras brutales, ese terrorismo, ese desastre ambiental, esas matanzas xenofóbicas y homofóbicas, esos migrantes que mueren en mares y playas buscando refugio; esa corrupción política que como una peste asola los países, esa delincuencia y ese narcotráfico, son la consecuencia de una mentalidad que no ha renunciado a la violencia como medio de dominio individual y colectivo.
¿Cómo insertamos la ética de la no violencia en un mundo así, tan dolido, tan cruel, tan indiferente, tan dopado, tan cosificado, tan obsesionado y tan hipnotizado? ¿Cómo la ampliamos en un sistema que emplea todo medio para atrapar un “éxito”, alucinado como felicidad? Dentro de ese espejismo, ¿cómo tomar la senda de la acción válida que disuelve el sufrimiento? ¿Cómo cambiamos paisajes, miradas y creencias? ¿Cómo mi acción puede generar libertad, cordura y sentido?
¡Esto es lo interesante y superlativo de la ética! Que es una experiencia de transformación elegida. Es un acto libre y resuelto que descubre un real camino de felicidad. Es un significado profundo, capaz de dar sentido a mi vida, más allá de su aparente término. Este ascenso tiene sus condiciones. O uno reproduce el sistema y su programa, internalizado tempranamente en nuestro paisaje de formación[5]; o tomamos el camino de la verdad interna, del autoconocimiento, de la reflexión existencial, de la intención transformadora, de la acción válida y de la no violencia activa. Esta es una primera condición. Elegir sin vuelta atrás lo que nos une. Digamos de una vez por todas: ¡no a la violencia que divide y separa a unos seres humanos de otros!
Nos ocupamos de seguir el nuevo camino y de regresar a él cada vez que sea necesario. Estamos hablando de alinear el sentir, el pensar y el actuar tomando como referencia la acción válida y su registro de unidad interna, ese que deja una suave paz, supera el sufrimiento y amplía la felicidad. [6] Antes de actuar, conviene reflexionar, meditar con sentido ético. Pero, claro, esa deliberación se hace dentro de estados internos que la condicionan. [7] Tomado por la ambición, el odio, la venganza o el resentimiento es difícil optar por la no violencia. Esta ética requiere un estado de conciencia sereno, más libre, consciente y elevado. No hay problema. Esto también se puede elegir y trabajar. Hay prácticas[8] que nos permiten superar la violencia interna y acceder a estados de conciencia más sabios e inspirados. [9]
Pero nadie llega a la cima de una montaña si no quiere realmente hacerlo. A la no violencia hay que amarla entrañablemente. Fijo la dirección con una imagen potente y clara, surgida desde lo mejor de mí. Esta experiencia y su repetición es crucial, sobre todo en un sistema que nos coloniza el cerebro repitiéndonos que, si no actuamos como lagartos, no solo no vamos a triunfar, sino que nos van a devorar los otros lagartos (con perdón de los lagartos).
El proceso de ascenso coherente es muy importante porque rompe la percepción del tiempo como inmediatez y fugacidad. Por la aceleración posmoderna pareciera que aparte del instante nada más existiese. Como que una cosa no se conectara con la otra. Si reaccionamos oportunistamente, ¿qué hilo conductor nos articulará hasta la muerte que es lo único que no podemos evitar? Ni el dinero, ni los amigos, ni el poder, ni la pareja, ni nada me salva de morir. Estaremos frente a lo que tanto tememos: la pobreza (no nos llevamos nada), la enfermedad (de algo muere uno) y la soledad (dejas para siempre a tus seres queridos, aunque no quieras).
Pero, ¿qué hacemos frente a ese hecho inevitable? En lugar de meditarlo, preferimos evadirlo. ¿Es la muerte una guillotina que corta todo futuro? ¿Es que la hoz siega toda esperanza? Si lo creemos así, el yo se asusta y se fuga. ¿Y adónde va el yo para evadirse? Unos consumen desesperadamente. Otros se aferran a parejas, hijos o amigos. Otros se vuelven adictos al trabajo, al dinero, al sexo, a un deporte o a todo eso junto. El yo se vuelca al exterior para escaparse del temor a la muerte. Está bien aliviar el sufrimiento y crear felicidad y libertad en esas relaciones. Lo que no está bien es que se hagan esclavizando, posesivamente, o por miedo, compulsión y fuga. Resolver adecuadamente una necesidad es una cosa; satisfacer y buscar sin fin un deseo posesivo, otra.
¿Qué sentido puede tener una ética no violenta si estamos convencidos de que todo acabará en la nada? ¿Para qué el esfuerzo de una vida atenta y selectiva? Si creo que todo termina con la muerte, qué más da que elija una ética o ninguna, si es que el acto final, el cierre del telón, vacía de sentido todo el esfuerzo. Mejor evadirme con una droga adormecedora que me haga olvidar ese fin de todo, al que tanto temo.
La ética tiene que tener un fundamento que derrote al nihilismo, a esa fe en la nada. No flota la ética en el aire. Además, tiene que ser muy sentida para que se convierta en acción concreta. Lo que creo acerca de la muerte es el fundamento. Es lo que define que tenga un tipo u otro de conducta. Entonces, es interesante que me pregunte: ¿Qué creo acerca de la muerte? ¿Se termina todo? ¿Comienza todo? ¿Hay un más allá? ¿Cómo lo imagino? ¿Qué experiencias me hacen sentir que no todo termina con la muerte y que la calidad de mi acción puede lanzarme hacia el más allá? ¿Cómo accedo a tales experiencias?
Cuando uno recuerda a los seres queridos que ya partieron, lo único que queda en la memoria es el significado positivo o negativo de sus acciones. Miramos la historia de la humanidad y pasa lo mismo. Quedan en la memoria los grandes hombres que hicieron el bien y aquellos otros que generaron enorme violencia y sufrimiento. He aquí una forma de trascendencia: las acciones propias quedan como huellas a seguir por las futuras generaciones.
Las personas que han muerto clínicamente, pero que ha sido retornadas a la vida por intervención médica, testimonian que en su viaje interior se encontraron con una luz que dialoga, que parece comprenderlos totalmente y llenarlos de esperanza. [10] En ese trance han podido ver y entender el significado de su vida. Se han sentido tan maravillados que no querían regresar a su cuerpo. Al final, por más que querían quedarse, han regresado. ¿Qué les ha pasado entonces? Pues cambiaron su actitud hacia la vida, hacia ellos mismos y hacia los demás. Esta experiencia operó en ellos como una revelación profunda, de esas que despiertan certeza y le cambian a uno la visión del mundo.
Recordemos a Sócrates en el acto de su muerte. Platón, su discípulo, cuenta en sus Diálogos, cómo Sócrates bebe la cicuta para cumplir con la condena impuesta por la justicia griega. Unas horas antes recibe la visita de sus amigos. Estos lo encuentran tan contento como siempre, como si en unas pocas horas más no fuera a morir. Uno de ellos le dice algo así: Pero Sócrates, ¿cómo es posible que estando a punto de morir estés tan tranquilo y contento? Y Sócrates le va contando a sus amigos las razones que explican esa dicha previa a su muerte. En ese diálogo deja Sócrates una idea en la que aparece la posibilidad de lo eterno. Afirma que la muerte puede ser imaginada como un azar encantador, y que la práctica de las virtudes no solo evita la sufriente dependencia de las pasiones violentas, si no que abre la posibilidad de que la buena vida de aquí merezca una buena vida en el más allá.
Los grandes reformadores espirituales de la humanidad traducen sus experiencias con lo profundo, con distintas revelaciones y relatos, pero tienen en común la intuición de que la vida que no acaba con el absurdo de la muerte. Meditar sobre “cómo es posible que la inmortalidad haya creado la ilusión de lo mortal” le escuche en una ocasión a Silo, el maestro de nuestro tiempo. Y también nos hace recordar esas experiencias personales en las que nos sentimos en profunda unión con todo lo existente. Cada cual ha tenido sus experiencias con lo profundo y lo innombrable. Aldous Huxley en su Filosofía perenne demuestra que las revelaciones espirituales de las distintas culturas muestran un trasfondo común, en el que la fuerza, la bondad y la sabiduría se juntan en la vivencia de lo trascendental.
Para que la ética oriente mi día a día, necesito conectarme con un sentido mayor, intrínseco a la vida, revelado en mi interior y que no concluya en la nada. En este contexto puedo afirmar algo tan radical como esto: “Si no intuyo la inmortalidad en mis acciones, ¿cómo incorporo una ética no violenta en forma definitiva? Y, ¿con qué fuerza voy a construir un proceso coherente y evolutivo? Si la acción humana no reporta un sentido que me haga feliz en ambos mundos, el de aquí y el de allá, su valor será solo relativo, provisorio, ilusorio, resignado, a lo más estoico.
En síntesis: una ética que venza a la violencia interna y externa, necesita un fundamento profundo. No es una espiritualidad fanática o ingenua. Es experiencia nutrida de certeza interna. La mente y el corazón se abren a la revelación de nuevos significados: “Distinta es la actitud ante la vida cuando la revelación interna hiere como el rayo”, nos asegura el Maestro de nuestro tiempo.[11] Abrevo de esa fuente inagotable de inspiración con el objetivo de vivir en unidad, siendo feliz, haciendo feliz a otros y preparando mi posibilidad hacia el más allá. Nadie puede hacerlo por uno. El bien que dejo de hacer será siempre una oportunidad perdida. Si lo hago estaré cumpliendo con la misión de humanizar la tierra, dándole a mi vida un sentido que ni la muerte podrá detener.
28 de mayo de 2016
[1] Remito a mi artículo El sistema de violencia y la no violencia activa, publicado en el libro Tiempos de cambio, nuevos caminos (Editorial Ténetor, Centro de estudios Humanistas Nueva Civilización, Huancayo, Perú, 2016.)
[2] Mayor fundamentación de esta idea, en SILO: La curación del sufrimiento, en Habla Silo, Págs. 341-344, Obras completas, volumen 1, Silo.net.
[3] SILO: La mirada interna, Cap. XIII, Los principios. Obras completas, volumen I (paréntesis nuestro). Magenta ediciones, Argentina, 1998.
[4] SILO: El paisaje interno, Cap. IX, Contradicción y unidad. Obras completas, volumen I. Magenta ediciones, Argentina 1998.
[5] Cuando se habla de paisaje de formación se hace alusión a los acontecimientos que vivió un ser humano desde su nacimiento y en relación a un medio. El p. de f. actúa como un “trasfondo” de interpretación y de acción, como una sensibilidad y como un conjunto de creencias y valoraciones con los que vive un individuo o una generación (SILO: Diccionario del Nuevo Humanismo, Obras completas, volumen II. Silo.net.)
[6] SILO: Ob. cit. El tema de la acción válida es tratado en sus libros Cartas a mis amigos (cuarta carta) y Habla Silo, bajo el título La acción válida.
[7] SILO: Apuntes de psicología (estructuras de conciencia, págs. 287-301). Editorial Betha Hydri, Cochabamba, Bolivia, 2012.
[8] AMANN, Luis: Autoliberación. Plaza y Valdez, México, 1991. El Centro de Estudios Humanistas Nueva Civilización ofrece el curso vivencial completo (contacto: javierzorrilla90@gmail.com).
[9] Para una mayor comprensión de los estados de conciencia se puede leer Sentido del sinsentido y La mirada del sentido de Dario Ergas.
[10] El libro Vida después de la vida (1975) del psiquiatra Raymond Moody presenta 150 testimonios sobre lo que se siente al morir: a) una abrumadora sensación de paz y bienestar, incluida la ausencia de dolor; (b) la sensación de estar situado fuera del cuerpo físico; (c) sensación de flotar a la deriva o a través de la oscuridad, a veces descrita como un túnel; (d) toma de conciencia de una luz dorada; (e) encontrarse, y tal vez comunicarse, con un “ser de luz”; (f) tener una rápida sucesión de imágenes visuales de su pasado; (g) experimentar otro mundo de mucha belleza.
(https://es.wikipedia.org/wiki/Vida_despu%C3%A9s_de_la_vida)
[11] SILO: La mirada interna. En Humanizar la tierra, cap. XIII. Obras completas, volumen I. Magenta ediciones, Argentina, 1998.
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Acerca del autor
Javier Zorrilla Eguren, nació en Lima-Perú, en 1948. Obtuvo el grado de Magíster en Ciencias Sociales en la Pontificia Universidad Católica. Ha realizado labor docente universitaria y colaborado con el Estado peruano en temas de desarrollo social. Ha publicado diversidad de artículos, ensayos e informes en temas relacionados con la cultura andina, la violencia y el desarrollo humano. Actualmente está dedicado a la formación del Centro de Estudios Humanistas en su país.
El autor es Miembro del Movimiento Humanista, se inspira en la obra de Silo desde hace 44 años. Es antropólogo, autor del libro Más allá de la psicoterapia y coautor de Tiempos de cambio, nuevos caminos. Ha sido profesor de la Pontificia Universidad Católica del Perú y de la Universidad del Pacífico. Actualmente es miembro del grupo que impulsa el Centro de Estudios Humanistas Nueva Civilización.


15 jun. 2016

El espacio de representación de Silo




 Tomado de Pressenza.: 12.06.2016 - Hong Kong Tony Henderson.

Este artículo también está disponible en: Inglés
El espacio de representación de Silo
Silo da un discurso entre amigos en el Parque Manantiales. 2010.
No es fácil esclarecer lo que Silo escribió sobre el Espacio de Representación; está escrito de manera precisa, pero es un concepto nuevo que puede resultar difícil de comprender de inmediato, especialmente al considerar todas sus ramificaciones.
¿Qué ocurre cuando alguien quiere tomar un vaso de agua? Va hasta donde está el agua, hasta un jarro de agua, digamos. Sabemos que lo impulsa la sed y que es capaz de caminar, pero incluso en esta acción sencilla pasan muchas cosas.
Podría decirse que la entidad psico-física realiza un monitoreo constante, en el que una sonda interna creada por el cuerpo percibe el déficit de agua. Se manda una señal específica al área de control, que no se confunde con una señal de calor ni de miedo. Se envía una señal de respuesta (ojalá adecuada) al área de iniciación de acción motora y se activan las piernas. Uno camina hasta la fuente de agua.
Sin embargo, antes debe establecerse la trayectoria hasta el jarro de agua, y antes de eso se debe comprender qué es el agua, su significado y los posibles lugares en que podría estar el jarro de agua; todo ello implica a la historia, al tiempo y a la experiencia.
Esto significa que lo que ha ocurrido antes ha sido registrado y que la información está disponible en el centro de control, y también, por supuesto, que esta misma operación está siendo registrada para referencias futuras en el caso de que se necesite corregir la información ya existente.
Ahora bien, estas actividades ocurren de manera dinámica junto a otras actividades relacionadas o incluso junto a actividades no relacionadas que son parte del conjunto; después de todo, la unidad física completa debe funcionar, y además se debe mantener la atención en el ambiente para recibir información nueva acerca de lo que ocurre alrededor de uno; y también está la planificación de las actividades del día, etc.
Esto es realmente complejo.
Hoy en día tenemos una referencia visual que se puede usar para combinar todos estos elementos: el holograma, un mecanismo de representación en tres dimensiones. ¿El Espacio de Representación (E de R) está configurado de manera similar?
Los hologramas son bastante adecuados para representar una imagen de lo que ocurre realmente en el mundo de nuestras vidas personales cotidianas. Combinan toda la información (o al menos una gran parte) y la relacionan espacialmente; muestran tanto su dimensión espacial como temporal, y el centro de referencia es el núcleo organizador ser-ahí, el yo.
La pregunta que podría surgir es si éste soy yo dentro o fuera del E de R. Yo diría que está esencialmente dentro. Subjetivamente no hay nada que esté fuera de la mente. ¿Es esto un límite? Personalmente creo que nada puede existir fuera de mi E de R, pero esto no significa que nada exista objetivamente fuera de mi mente. Estoy hablando de lo que existe “para mí”.
Pareciera ser suficiente para una teoría de observación de lo que ocurre dentro y alrededor de nosotros, pero ¿y si fuera aún más lejos? Quizás la idea del holograma es similar a la manera en que ocurre la representación en nuestro E de R. Es, por lo tanto, es una manera de desplazar nuestro cuerpo en el espacio-tiempo real de acuerdo a la tarea a realizar (la imagen, en otras palabras), dentro de sus límites.
Silo dice que los extremos más altos del E de R pueden corresponder a los Cielos, y los más bajos a los Infiernos.
Para no ir tan rápido: al moverse hasta el jarro de agua, con todo lo que eso implica, el pensamiento específico (que toma la forma de una imagen, el jarro de agua) tendrá que estar localizado espacialmente en un lugar dentro del E de R en donde la acción tendrá éxito, y que movilice (al cuerpo, en este caso) en la dirección correcta. Esta es la característica de ese espacio: un objeto que está más arriba, abajo, a la izquierda o a la derecha moviliza al cuerpo hacia el jarro o alejándose de él.
Eso es bastante sencillo.
Pero quizás decidimos que no queremos ir hasta el jarro por nosotros mismos sino que alguien más lo traiga. Bueno, tenemos que imaginar o pensar en la persona que nos traerá el jarro y algún medio de comunicación, llamarla con un grito o por teléfono, en tanto el jarro está allá pero en un lugar del E de R que no activa nuestro cuerpo.
Para llevar este texto a lo que nos interesa, nos preguntamos: ¿qué ocurre con las imágenes de una persona más bien disfuncional que vive “en piloto automático”? Sus imágenes son pesadas, son débiles o están situadas y funcionan en una zona baja del E de R, por lo tanto, no tienen poder activador, así que no movilizan.
Es por esto que, en nuestro trabajo para Humanizar la Tierra o en nuestra vida cotidiana, intentamos intensificar las imágenes, hacerlas más brillantes y coloridas, y escapar de las nubes negras. También recordar nuestras experiencias guiadas, que nos permiten escapar de los túneles internos, o descender gradualmente de las atemorizantes alturas… etc., la reubicación de una imagen.
Por supuesto que todo esto es para progresar en nuestro esfuerzo por llegar más alto mental, emocional y espiritualmente. Simplemente es necesario iluminar las imágenes, quizás agregándoles detalles coloridos o divertidos para volverlas más vívidas y en movimiento. Esos cánticos budistas (cuando no son moda), wow, qué poderoso; ¡ya estoy en el paraíso occidental!
Si algo funciona como teoría, de seguro también funciona en la práctica. El E de R de Silo da en el clavo y se puede usar para entender muchas cosas, desde la hipnosis a las sanaciones mágicas. Nos ayuda a comprender el camino a lo profundo, a pesar de que es un tema misterioso. Veremos si también nos ayudará a salir del condicionamiento que a veces nos hace responder de manera violenta.
Los siquiatras y la gente de esa calaña también podrían descubrir su importancia, pero sólo depende de ellos mismos. Es probable que pase un tiempo antes de que gane aceptación, como ocurrió con el universo que propuso Giordano Bruno. No es problema nuestro. Si podemos comprender lo que estamos haciendo, tanto mejor. Los procesos funcionan de todos modos sin tener un conocimiento así de cercano, pero de todos modos tenemos las Cuatro Disciplinas.
El concepto de inconsciente es muy ambiguo y amplio, al igual que el de sub-consciente. Las palabras clave de la autosugestión funcionan, efectivamente, pero entender que lo que sucede es que se ubican imágenes en lugares particularmente elevados o profundos del E de R nos ayuda a eliminar el misterio innecesario. La hipnosis no por eso deja de funcionar.
Debemos, incluso, dejar atrás la brillantez del Sr. Jung, y utilizar lo que nos dejó.
Entonces, ¿dónde está el “yo” en todo esto? ¿De qué se trata todo esto del desplazamiento del Yo y cuál es su propósito? Bueno, para la mayoría de las personas no tiene mucho sentido pues el Yo, como punto de apoyo y eje de nuestra vida, simplemente está ahí, más o menos permanentemente. Sin embargo, en nuestro caso y con nuestros intereses, el Yo recibe mucha atención, por un lado para convertirlo en un centro de gravedad fuerte, y por otro lado para negarlo, en un sentido, pues es el obstáculo final en el camino de permitir aquél misterioso Vacío, que debe ser llenado.
Sin un Yo real no podemos trabajar en las Disciplinas
Usualmente lo que traemos al nacer desaparece, y dependiendo de las circunstancias puede fortalecerse al punto de ser muy útil en nuestra vida o no. Si no se fortalece, cada cambio en el curso de las cosas nos desvía de la dirección que habíamos tomado. Se busca la permanencia, lo que implica la integridad de uno mismo, ser uno mismo, lo que generalmente se logra intencionadamente a través de un proyecto que tenga ese fin, o al menos teniéndolo co-presente al realizar otra tarea, como en los Oficios… así nos mantenemos en la misma dirección.
En realidad, es una nueva manera de ser normal. Sé un hombre o mujer común y corriente, eso es todo. Esto no es tan común: somos testigos de la violencia, no sólo la de las guerras que muestran en la televisión, sino que también caminamos todos los días entre gente desconectada de su naturaleza humana que hace que la vida cotidiana salte constantemente entre lo maravilloso y lo peligroso. ¡Mejor quedarse en la casa, alejado! Ten un gato o un perro o un periquito. Cuán alejados estamos de la simple vida comunitaria. No es que haya habido una edad de oro, pero han habido buenos momentos, lugares y líderes. Sin embargo, en general la gente está harta de los supuestos “líderes”. No son confiables, son violentos, extraños, impasibles y excluyentes. Entremedio de toda esa arrogancia existieron y existen personas buenas, realmente humanas. Nosotros queremos pertenece a ese grupo.
Al convertirse en una persona común y corriente (es decir en alguien que no sea distinta por ser peor persona) se dan las condiciones para el desarrollo personal. Nosotros hemos elegido desarrollarnos en el Camino de la Humanización. Ese es nuestro nuevo Humanismo Universal.
Esto puede lograrse en la vida cotidiana al proponerse un desafío. Participar en las organizaciones que ha fundado el Movimiento Humanista, y el Mensaje de Silo, puede ser un proyecto de toda la vida, y también puedes escalar a las alturas directamente mediante las Disciplinas.
De seguro también existen otras maneras fuera de las nuestras.
Aunque otros proponen visiones distintas sobre cómo lograr la auto-liberación (a la que distintos grupos le han puesto distintos nombres, pero que en las enseñanzas budistas se le llama la Naturaleza de Buda), y aunque la iluminación final mediante una experiencia que te cambia la vida es un destino válido para todos nosotros, esta iluminación no se consigue necesariamente de un momento a otro como un relámpago. La mayoría sigue un camino gradual. Esto permite buenas acciones en el mundo. Sin equipaje extra. Se le llama purificación, pero en realidad es el resultado de la purificación.
Volviendo al E de R de Silo: su terminología es evidente en sí misma y no tiene palabras irracionales ni confusas que podrían hacer confusas sus útiles enseñanzas. Usarlas como herramienta lleva a cualquier persona con educación secundaria al ámbito. Esto es importante porque el misterio de la vida, de nuestro universo, es real, y podemos maravillarnos con él y aceptarlo, y el maravillarse es el comienzo del sentimiento religioso, que es parte de nuestra naturaleza humana. El significado de la vida está ahí, está aquí.
# Por ejemplo en Auto-Liberación de L.A. Ammann, disponible en varios Parques de Estudio y Reflexión, también en Contribuciones al Pensamiento en: http://silo.net/es/collected_works/contributions_to_thought
Traducido por: Emilio Stanton
Ver PPT sobre el Espacio de representación 

Acerca del autor



Tony Henderson is a freelance writer working in Hong Kong, since 1980, and previously Japan, for seven years following two years in Mauritius after a year in Libya. Long time participant in the Humanist Movement and spokesman for Universal Humanism in Hong Kong. Also, Pressenza Hong Kong Bureau Chief.